Incluso tuvo el impulso de tocarlo, pero rápidamente reprimió ese pensamiento.
Gregorio, que aún no había comenzado con las prácticas de laboratorio, no entendía qué tenía de especial este equipo, pero al ver la expresión de Mauricio, no pudo evitar mirarlo con más atención.
—...Hermano, ¿es caro?
Mauricio asintió: —Muy caro.
—¿Cuánto?
—Unos 200.000 dólares.
Esto... esto era aterrador.
No por el precio en sí, sino porque Lucía y las otras lo habían comprado como si nada.
Tres personas, 200.000 d