Treinta segundos después, sonó un pitido en el teléfono indicando un mensaje.
Talia volvió a la pantalla principal y echó un vistazo. Efectivamente, era la notificación de la transferencia.
—Mi niña, ¿te llegó? —preguntó Helio desde el otro lado.
—¡Sí, sí, me llegó!
No eran doscientos mil, sino trescientos mil. ¡Increíble! Su papi le había enviado cien mil extra.
—No escatimes en comida ni en nada, si necesitas más dinero pídeselo a papi, ¿entendido?
—¡Sí, papi, entendido!
Terminó la llamada y g