Mauricio mantenía la mirada baja, ocultando sus verdaderas emociones, pero sus puños se tensaban cada vez más bajo las mangas de su camisa. Después de lo que pareció una eternidad, sus puños se aflojaron como si hubiera perdido toda su fuerza, como si hubiera decidido rendirse y someterse.
—Gracias profesora, por preocuparse por mí todos estos años.
—Es lo natural, ¿acaso no eres mi estudiante más destacado? Los favoritos siempre deben recibir un trato especial, ¿no crees?
Mauricio permaneció en