—¿Por qué me miras así? ¡Date prisa, me muero de sed!
Manuel se levantó resignado. Después de beberse el vaso de agua helada, Paula finalmente se despejó por completo.
—¿Necesitabas algo? Me siento mal por haberte hecho esperar tanto... —mientras él servía el agua, ella ya se había vestido y había mirado la hora. ¡Vaya, ya eran las 11!
—¿Mal? ¿La señorita Medina es capaz de sentirse mal? ¡Yo te veo muy tranquila! —explotó como un globo pinchado, liberando todas las emociones que había estado con