Mercedes se puso seria de inmediato: —¡Cállate! Estoy hablando con mi hijo, ¡no te metas!
Volviéndose hacia Mateo, explicó: —Sí, ayer entré a tu despacho, el asistente esperó en la puerta, eso es verdad. Pero te juro que solo abrí el cajón para sacar el documento que necesitaba, no toqué nada más.
—¿No habrá sido María sin querer mientras limpiaba?
María se apresuró a responder: —El señor me ordenó no tocar nada en el despacho durante la limpieza. Lo recuerdo perfectamente y siempre soy muy cuid