Capítulo 200
El hombre tenía el rostro lleno de irritación y fastidio mal contenidos. Miró la hora: apenas eran las nueve, pero ya había recibido cuatro o cinco llamadas a casa. Tres eran de su madre y una de Sofía. Probablemente sabiendo que no contestaría, ella llamó solo una vez y no insistió. Al menos parecía tener cierto criterio. Pero aun así, estaba muy irritado, especialmente cuando pensaba en la intrusa que ahora vivía en la mansión.

Diego miró su reloj:

—¿No es muy temprano? ¿Ya te vas?

Mateo no re
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