La dueña de la tienda notó inmediatamente que ella era latina, y al encontrar a una paisana, su actitud se volvió más cálida:
—Tienes buen ojo, señorita. Todas estas artesanías las hice yo mismo, serían un regalo perfecto para llevar a tu país.
Lucía sonrió y después de preguntar el precio: —Bien, envuélvemelo por favor.
—¡Con gusto! —mientras empacaba, la vendedora sacó una postal y la metió en la bolsa—. Si hay algo que quieras decir pero no puedes expresar, puedes escribirlo aquí.
Lucía se mo