—Gracias por recibirme tan bien, Reginald —dijo Tony con sinceridad mientras le estrechaba la mano antes de despedirse, una vez terminada la conversación sobre su proyecto de negocios.
—De nada. Ha sido un placer trabajar contigo, Tony —respondió Reginald. Retiró la mano y la metió en el bolsillo del pantalón.
Los dos hombres volvieron la mirada hacia las mujeres, que se habían cambiado a otro sofá para conversar con mayor comodidad.
—¿Ella es tu secretaria personal? —preguntó Tony con curios