Capítulo 11. La boda
Prácticamente fui arrastrada hasta el coche, mis piernas pesaban como plomo debido al miedo que me invadía. Me iba a enfrentar a todos y no tenía idea de cómo acabaría la noche.
Cuando llegamos al coche, me di cuenta que no tenía fuerzas ni ganas de conducir.
—No creo que pueda conducir, estoy bastante nerviosa.
—¿Quieres que conduzca yo?
—¿No te importa? Me harías un gran favor —respondí, entregándole las llaves con manos temblorosas.
Media hora más tarde, estábamos frente a la imponente puer