En la mansión López, aún en la cena, Rocío chillaba por qué su padre no había podido obtener respuesta de Juan David; sus berrinches no tenían fin, ni su madre podía tranquilizarla.
—¡Basta, Rocío! —gritó y golpeó la mesa su padre estresado ya. El silencio reinó en unos largos minutos donde ambas mujeres estaban más que sorprendidas por la reacción de López.
—Pero papá, por favor. —Musito casi entre llanto Rocío.
López no dijo nada al recibir una notificación en su teléfono, colocó sus lentes