Una débil y amarga sonrisa cruzó los labios de Sophia. Los errores de su madre habían dejado cicatrices en la familia Hayes, incluso costándole la vida al padre de Michael. Esa verdad seguía en ella como una espina imposible de arrancar.
—Michael —preguntó en voz baja, casi insegura—, ¿no te molesta el pasado? Todo lo que pasó entre mi madre y tu padre…
Michael sostuvo sus hombros, fijando sus ojos en los de ella.
—¿Qué estás pensando? —preguntó en silencio—. Yo no estuve ahí para verlo, así que no sé qué ocurrió realmente. Y si no lo sé, no voy a creer rumores.
Para él, el pasado había terminado. No debía interponerse en su presente.
En aquel entonces, era demasiado joven para entender algo. Todo lo que sabía venía de las palabras de su madre.
Una cosa se le había hecho clara: no podía juzgar lo que nunca comprendió del todo.
Sophia lo miró sorprendida. —¿No odias a mi madre?
Michael esbozó una tenue sonrisa. —¿De qué serviría odiarla? ¿Cambiaría algo? Mi padre ya no está, y tu madre