Bianca llamó a los dos guardaespaldas que Dave le había asignado a su oficina. Ellos no se atrevieron a ignorar la orden. En cuanto entraron, la saludaron formalmente y se mantuvieron erguidos.
—¿En qué podemos ayudarla? —preguntaron.
Se comportaban como guardias reales entrenados.
Bianca aún no se acostumbraba a lo rígidos que eran con ella, pero sabía que no podía cambiar eso. Así que fue directa al grano.
—¿Podrían fingir ser descuidados? Dejen que mis enemigos crean que tienen la oportu