Dave la miró brevemente antes de entrar al salón. Tomó su teléfono, marcó un número y se sentó en el sofá con el rostro impasible.
—No me iré hasta asegurarme de que estés tranquila y en tus cabales —dijo con frialdad, mientras deslizaba el dedo por la pantalla de su móvil.
El rostro de Skylar se iluminó de alegría.
¡Dave había decidido quedarse con ella!
Pensó que tal vez sí le importaba, después de todo.
Skylar cerró el puño derecho.
Esa cicatriz no era de cuando lo salvó.
En aquel enton