Bianca se sonrojó, evitando la mirada de Dave, preocupada de parecer demasiado encariñada, como una niña enamorada.
—Está bien, iré a secarlo ahora.
—¡Espera! —Sin dudarlo, Dave tomó su muñeca y la llevó a su habitación.
El cuarto de Dave tenía un aroma ligero y agradable, el mismo que Bianca había notado en él antes.
Era un aroma relajante.
—Tengo un secador de pelo aquí. Déjame secártelo —dijo Dave, guiándola hasta la cama. Con suavidad, presionó sus hombros para que se sentara.
Bianca par