Bianca frunció ligeramente el ceño y susurró:
—¿Qué crees tú?
El hombre con el que tuvo aquel encuentro fortuito había sido elegido al azar entre una multitud, una posibilidad tan remota como ganar la lotería. ¿Cómo podía creer que había sido mera coincidencia?
—Está bien, te diré la verdad —suspiró Dave—. Hice que mi jefe investigara tu pasado. Tenía curiosidad por saber quién era la mujer con la que había estado esa noche y que desapareció dejándome una pequeña fortuna.
Las mejillas de Bianca