~Sabrina~
—Ha llegado la hora, ¿verdad? —pregunté y Khemos asintió.
Su mano buscó la mía y la apretó suavemente. El calor de su mano ayudó a calentarme un poco. Se sentía como si me estuviera restaurando la esperanza, y era tan agradable que casi moví la cabeza de su hombro a su pecho. Su aroma era embriagador y tampoco podía saciarme de él.
Espera, ¿en serio estoy pensando en lo delicioso que es Khemos en lugar de entrar en pánico por el espectáculo de los juegos del hambre que estaba a punto d