Una sensación húmeda.
Andrea bajó la mano que tenía sobre el rostro y miró su palma.
Al ver que estaba completamente cubierta de sangre, sus pupilas se contrajeron de golpe.
—¡Ah!
Isabel, que estaba a punto de saltar y arremeter contra Lucía, se sobresaltó por el grito de Andrea.
Cuando vio que Andrea tenía una herida abierta en el rostro de la que no paraba de brotar sangre, casi se quedó sin aliento.
—Sangre... Mamá, mi cara, mi cara...
Andrea volvió a tocarse el rostro, pero apenas rozó la he