Isabel era una mujer orgullosa por naturaleza. Después de haber sido humillada por Rosa, seguramente descargaría toda esa rabia sobre Lucía en cuanto regresara.
Eso era precisamente lo que Rosa quería.
Quería que Lucía no tuviera un solo día de paz.
Y ella tampoco pensaba dejarla escapar tan fácilmente.
¡Aquella maldita niña había incendiado esa mansión!
¡Ya vería cómo iba a darle una lección!
Jenifer sabía que su madre todavía tenía otros ases bajo la manga.
—Entonces, ¿por qué Sebastián puso a