Punto de vista de Selina
El estruendo de los disparos recorrió la sala. Un segundo, reinaba un silencio tenso; al siguiente, un caos absoluto. Gritos rasgaban el aire, agudos y desgarradores.
La gente se revolvía como canicas caídas, tropezando con las sillas, con el rostro pálido por un miedo que casi se podía oler.
Mi corazón empezó a latirme con fuerza, golpeando constantemente contra mis costillas. Giré la cabeza para observar todo el lugar; se había vuelto loco.
Me aplasté contra el frío s