Punto de vista de Selina
El estruendo de los disparos recorrió la sala. Un segundo, reinaba un silencio tenso; al siguiente, un caos absoluto. Gritos rasgaban el aire, agudos y desgarradores.
La gente se revolvía como canicas caídas, tropezando con las sillas, con el rostro pálido por un miedo que casi se podía oler.
Mi corazón empezó a latirme con fuerza, golpeando constantemente contra mis costillas. Giré la cabeza para observar todo el lugar; se había vuelto loco.
Me aplasté contra el frío suelo de baldosas, con el corazón latiéndome con fuerza. Empecé a arrastrarme, con los codos raspando, hacia Adrian.
Estaba allí tumbado, demasiado inmóvil. "¡Adrian!", grité por encima del ruido. La palabra me sabía a polvo y pánico.
Giró la cabeza. Y sonrió. Una sonrisa cansada y estúpida que me revolvió el estómago. Fue entonces cuando vi la oscura y húmeda mancha que se extendía por la pechera de su camisa, tiñendo la tela de un horrible rojo brillante. Se me cortó la respiración, atascada e