Su mirada se fijó en la de ella. "Me gusta verte así", dijo.
"¿Así?" Por eso la gente cerraba los ojos durante el sexo. Demasiada comunicación daba miedo.
"Relajada. Sumiso".
"Créeme", chilló ella cuando él profundizó más y tocó un punto sensible, "No estoy relajada".
La espiral apretada en la base de su abdomen clamaba atención. El brazo izquierdo de Javier yacía doblado bajo su cuello. Con la mano libre, le acarició el pezón perezosamente, echando leña al fuego que palpitaba entre sus piernas