Evelyn despertó con la luz del sol filtrándose por ventanas desconocidas y una deliciosa dolencia en todo el cuerpo. Se movió ligeramente y se dio cuenta de que estaba sola en la enorme cama, aunque las sábanas a su lado aún conservaban calor.
Se incorporó, sorprendida al encontrarse vestida con un suave camisón de seda que no recordaba haberse puesto. Se sentía limpia y fresca, como si alguien la hubiera cuidado con esmero mientras dormía.
Mirando alrededor de la habitación, no quedaba rastro