La reunión de los jueves se hizo esa vez a distancia. Maximiliano anhelaba con fervor regresar a su tierra, pero comprendía lo importante que era no hacerlo. Además, por el bien de su psiquis y su temperamento, también era positivo quedarse un tiempo más, estaba seguro que si se encontraba con Daniel, al menos unos cuantos kilómetros de alguno de los bares Glint, no se iba a contener de hacerle una visita.
Recostado en el umbral del tocador del cuarto de Carla, Max se erguía con sus pies y braz