CAPÍTULO 40

El vehículo entró al garaje privado. Ellos se bajaron, saludaron al botones de turno, se montaron en el ascensor y subieron a uno de los últimos pisos de esa torre.

Carla lideró la marcha, saliendo ella primero y llegando en el mismo orden ante la puerta.

—No sé para qué te apuras si yo tengo la llave. —Max sacó la tarjeta y la pasó por el lector, abriendo la bonita madera blanca de la entrada principal.

—Deberías darme una de esas —decía ella, mientras entraba en el pasillo de las habitaciones
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