El vehículo entró al garaje privado. Ellos se bajaron, saludaron al botones de turno, se montaron en el ascensor y subieron a uno de los últimos pisos de esa torre.
Carla lideró la marcha, saliendo ella primero y llegando en el mismo orden ante la puerta.
—No sé para qué te apuras si yo tengo la llave. —Max sacó la tarjeta y la pasó por el lector, abriendo la bonita madera blanca de la entrada principal.
—Deberías darme una de esas —decía ella, mientras entraba en el pasillo de las habitaciones