PUNTO DE VISTA DE MARCUS
Faltaban cinco minutos para que terminara mi turno en el hospital y yo seguía sentado a mi escritorio, con la cabeza llena de Anna.
La mujer de otro hombre.
El beso que nos dimos en el aparcamiento había sido una locura total, y casi nos pillaba Tom. Resulta que el idiota había pisado un chicle y gritaba como una banshee de mierda.
Patético.
No podía sacármela de la cabeza. Durante toda la cena, sus pezones se marcaban bajo esa tela fina. Me costó un mundo no bajarle el