Punto de vista de la hermana María
Esperaba la abrumadora culpa que sentiría después de lo que el señor Moretti hizo en el trastero, pero no llegó.
Al contrario, nos hizo, a él y a mí, más atrevidos.
El señor Vito ya ni siquiera fingía ocultarlo. Me daba nalgadas cuando pasaba a su lado en el pasillo. Un día incluso llegó a apretarme los pechos en público.
Gracias a Dios, todos le tenían demasiado miedo como para mirarnos.
A veces, incluso se para a mis espaldas durante la misa o las oraciones