PUNTO DE VISTA DE VITO
Odiaba venir a este lugar. Cada vez que llegaba en mi Bentley a este maldito convento, sentía ganas de vomitar.
Todo era tan sombrío y muerto. Ni hablemos de los sacerdotes hipócritas. Hombres calvos que condenaban lo que yo hacía, pero me lamían el culo cuando donaba sumas enormes de dinero a su seminario.
Pero las donaciones no eran para apaciguarlos. No. Eran para comprarme todo el tiempo que pudiera pasar con la hermana María.
No puedo olvidar el primer día que la vi.