CAPÍTULO UNO: EL DIABLO
PUNTO DE VISTA DE LA HERMANA MARÍA
Nunca he conocido nada más que las cuatro paredes de piedra de este seminario. Llevo en este lugar sirviendo como monja los veintidós años de mi vida.
Es una rutina constante: despertarme a las 4 de la mañana, rezar, fregar los suelos, cuidar el jardín y, por la noche, dormir en un colchón duro.
Pero lo que me causaba dolor y humillación por parte de las otras hermanas del convento era mi cuerpo.
Mis pechos eran demasiado grandes para m