PUNTO DE VISTA DE CALLUM
Dos días después de mi visita a Gerald, decidí contarle a Mira sobre la cena.
Todavía me dolía muchísimo la mandíbula, tenía la garganta irritada y áspera por cómo Gerald me había metido su enorme polla.
Cada saliva, agua o comida que tragaba me recordaba sus gruesas venas palpitando en mi lengua y su amargo semen que engullía como una zorra necesitada.
"Hola, cariño", dije, recostándome en el reposabrazos del salón. "Gerald viene a cenar el viernes. Y trae a un amigo.