Sarah se quedó congelada en medio de la sala de estar. El asa de su maleta se le escapó de los dedos y golpeó el suelo con un fuerte ruido sordo. Sus ojos estaban clavados en el grueso semen blanco que goteaba lentamente por el interior del muslo de Lucy.
—¿Qué… carajos… es esto? —susurró de nuevo. Su voz se quebró.
Lucy no intentó ocultarlo. Se quedó allí con la falda todavía arremangada alrededor de la cintura, piernas ligeramente abiertas, dejando que su mamá lo viera todo. Otro grueso glóbu