Abrí la boca para responder, con la lengua repentinamente gruesa y torpe, la mentira ensayada ya formada a medias en mis labios.
—Nada realmente, mamá. Solo… cosas de arte, ya sabes. Fechas límite y—
Mi voz se quebró cuando un rugido repentino de ruido estalló desde fuera de la casa. Gritos superpuestos, el *clic-clic-clic* implacable de obturadores de cámaras como un enjambre de insectos mecánicos, neumáticos rechinando contra la grava del camino de entrada. Golpes agresivos martillearon la