—¡Basta!!!!!
La voz de Richard cortó el caos como un latigazo, la única palabra resonando en el porche delantero y silenciando a los reporteros gritones durante un segundo atónito. La puerta se cerró de golpe con una pesadez definitiva, el cerrojo encajando en su lugar mientras el frenesí amortiguado continuaba afuera: las cámaras seguían destellando a través de las ventanas, las voces volviendo a alzarse en confusión.
Pero Richard no había terminado. Se giró lentamente, con el rostro convertid