La pelea flotaba en el aire como humo después de un incendio. No podía mirarlo. No después de esas palabras — *Follo cada coño que veo* — aunque hubiera intentado retractarse con esa confesión a medias sobre que Sophia no era nada. El pecho me dolía, un tipo de dolor que iba más profundo que los celos. Tocaba cada vieja cicatriz que mi papá dejó cuando se marchó, cada miedo a ser solo algo temporal para las personas que se suponía que debían quedarse.
Lo empujé a un lado, agarrando mi cuaderno