Lucy sostuvo el teléfono firme mientras el rostro sonriente de Sarah llenaba la pantalla. La gruesa polla de Ethan permanecía enterrada profundamente dentro de su coño, todavía palpitando por su última carga. Ella movía las caderas en pequeños círculos lentos para mantenerlo duro sin hacer demasiado ruido.
—Hola mamá —dijo Lucy con dulzura, con la voz solo un poco entrecortada—. Todo está perfecto aquí.
Sarah se rio.
—Se ven tan felices ustedes dos. Déjame ver a Ethan un segundo.
Lucy inclinó