ATHENA
Mis costillas todavía me dolían, un latido agudo y persistente que me recordaba lo rápida que era esa maldita perra de Marissa. La había subestimado. No volverá a ocurrir. Pero el dolor nunca fue el problema; la supervivencia era lo que importaba… siempre lo había sido.
El castillo brillaba a lo lejos detrás de mí, sus luces parpadeando como un recordatorio burlón de lo que había perdido. Me habían descartado. A mí. Athena. La bruja fae más poderosa que esta generación había visto jamás,