DAVID
Había un peso en el aire dentro del castillo, algo denso y pesado que se pegaba a mi piel como humo, sospecha e inquietud. No era solo la piedra centenaria presionándome; eran las miradas, vigilando y juzgando, siguiendo cada paso que daba.
Ryan era el peor de todos.
Su mirada me seguía a todas partes, penetrante, calculadora, como la de un depredador. No hablaba, pero no necesitaba hacerlo; su sola presencia gritaba: *Te veo*.
Jaden, siempre alegre y luminoso, intentaba hacer de anfitrió