HAILEY
La tormenta afuera ya no era solo clima, sino una advertencia. El viento aullaba contra las ventanas de la casa de la manada, azotando el agua en olas tan densas que bloqueaban el mundo exterior. Los árboles gemían y se flexionaban. Los truenos sacudían las paredes como si ellos también temieran lo que se acercaba.
Caminaba de un lado a otro por la sala de estar, sin calcetines sobre los fríos suelos de madera, abrazándome con más fuerza a cada segundo que pasaba. El miedo se enroscaba en