FLORA
El poder era una bestia caprichosa.
Un minuto lo tenías al alcance de la mano, moldeándose a tu voluntad como arcilla maleable. Al siguiente, se escurría entre tus dedos como arena, perdido en los vientos del azar.
Pero el azar solo era una herramienta, algo que explotar, igual que a las personas, igual que a David.
Mi hijo creía que era fuerte. Brillante. Implacable.
No era ninguna de esas cosas.
David era un niño jugando con fuego, obsesionado con el legado de un hombre que nunca lo mer