AKASHA
Se suponía que iba a ser un día normal.
Se suponía que iba a pasar desapercibida, mantener la cabeza baja, fingir que era normal, fuera lo que fuera eso.
Pero, por supuesto, el destino nunca quiso quedarse callado cuando se lo pedí educadamente, y mi curiosidad me metió en esta situación.
Caminaba por la cafetería del campus cuando empezó. Lo de siempre. Las miradas. Los susurros. Ya estoy acostumbrada. La gente se queda mirando —quizá porque no hablo mucho, quizá porque no río a carcaja