JACKSON
El silencio que siguió a la partida de Hailey cayó como una ola gigante, aplastando a cada alma en aquella gran cámara. Incluso las paredes, adornadas en oro y cubiertas de antiguas sedas, parecían contener la respiración. Las últimas palabras de mi madre resonaban en mis oídos: firmes, frías, implacables.
—Serenia se marchará con sus hijos. Ryan se queda.
Y luego desapareció, su regio vestido barriendo el suelo de mármol como si desafiara a cualquiera a cuestionar su orden.
No podía mo