7. Profundamente enamorada
Y sale del probador al instante, casi tropezándose. La asesora tiene en su mano su teléfono y lo coge con una sonrisa fingida.
—Sí, si. Es mi amiga. Deme sólo un momento —y señala detrás de los mostradores.
Observa el nombre. Definitivamente es ella.
—¡Kate! —es lo primero que escucha al otro lado—. Prendiste el GPS y ahora te veo en Prada, en la quinta avenida. ¿Qué estás haciendo?
—¡Antonella! —suelta en una sonrisa—. Es que estoy mirando las cosas.
—¿Y por qué prendiste tu GPS? Me has d