31. Apostar: nada más
Katherine observa la mano con cortesía y no espera un momento más para saludar. Como no quiere parecer grosera ahora y delante de este hombre, que por la mirada de Julia se trata de alguien más, deja caer la palma en la mano ofrecida, y sus ojos parecen más amables de lo que creyó. De tal manera aquel hombre nuevo, dotado de mirada interesada hacia ella, deposita un beso en sus nudillos.
—Es un placer, un completo placer —dice el hombre—. Mi nombre es Stephen. Nunca antes te había visto por aq