El lunes llegó más rápido de lo que me hubiera gustado. De un día para el otro, estaba parada frente al espejo, frotando las manos contra el jean que traía puesto. Tenía ganas de vomitar; sentía una extraña sensación en el pecho y en el estómago, eso sin contar las irracionales ganas de llorar. Probablemente debería visitar a un psicólogo en lugar de una universidad, o ambas, pero la situación me estaba superando. Suspiré, intentando tranquilizarme. No sería para tanto; una vez que pasara este