—Sé que sí —respondí depositando un suave beso en sus labios—. ¿Cómo te sientes? —le pregunté en un murmullo, llevando mis manos a sus hombros desnudos. La piel le quemaba.
—Bien —murmuró, pasándose la lengua por el labio inferior antes de clavar esos ojos oscuros en mí—. Mejor, supongo. Se siente raro no tener que inventar una historia sobre dónde estuve mañana por la mañana.
—Se siente bien, ¿no? —sonreí, inclinándome para dejarle otro beso corto en la comisura de los labios.
—Se siente pe