—Lo único que puedo decirte es que tenga fe ¡Y ya no preguntes más! —Angelina entrecerró los ojos y examinó a su madre. Un antiguo recuerdo llegó a sus memorias, recordando la tarde en la que acompañó a su progenitora a la imponente residencia del Duque. Para aquella época, ella no tenía idea de que se trataba del Duque de St. Moritz. Siguió presionando sus recuerdos y pudo traer a ella la imagen del rostro del Duque. En aquel entonces, ya era un hombre maduro, pero no viejo y con un atractivo