La felicidad en el rostro de Liza y Gerald era tan evidente que Caden se sintió asfixiado y deseó arrancar aquellas sonrisas triunfales del rostro de sus progenitores, pero se convenció de que pronto todo daría un giro favorable y él obtendría lo que realmente anhelaba.
—Cariño, cambia esa expresión, vamos a una fiesta de compromiso, no a un funeral.
—Madre, no me solicite milagros, el hecho de que esté aquí montado en este carruaje camino a la mansión Hamilton ya para mí es una marcha fúnebre