Caden entró como alma que se lleva el diablo a su habitación, sacó la chaqueta donde tenía guardada la llave y fue directo al baúl, al abrirlo notó que la máscara no estaba.
—¡Maldita sea, como pude ser tan confiado y descuidado! —Caden se sentó en la orilla de su cama mientras la ira le consumía los pensamientos. Este hecho le causó un gran abatimiento, pues ahora tenía que luchar contra el amor y el odio que sentía hacia su padre, y a la vez someterse a la terrible tarea de actuar con carácte