Horas más tarde.
La tarde continuaba siendo preciosa a pesar de que ya estaba por terminar, aun así, el cielo se engalanaba mostrando tonos naranjas. Caden le miró en silencio pensando que pronto vería a Angelina y deseaba fervientemente que los rieles jalados por los caballos se volvieran como las estrellas fugaces para llegar lo más pronto posible hasta ella.
—Hemos llegado señor —informó Gilbert. Después de pasar un tiempo, Caden sonrió y bajó del carruaje sacando con él un ramo de rosa