—No tienes otra opción querida, confías en mí o muere de preocupación. —dijo secamente.
—No tienes porqué hacer esto Fernando, solo escapa y déjanos en paz, como pretendes que le diga a nuestra hija que su padre es un delincuente, me abofeteó.
—Cállate, a mi hija no le vas a llenar la cabeza de estupideces, no te preocupes no te daré tiempo, por ahora me iré, pero volveré. —espeto enojado. —Si volveré en cuanto sepa que mi hija nació volveré para llevarla conmigo, tu estarás muerta para ella, t