—Mamá, quiero más galletas —dijo Avery suavemente, estirando sus pequeñas manos hacia el mostrador, con los ojos brillando de ilusión.
Liora soltó una risa baja mientras negaba con la cabeza, mirándola con ternura. Esos ojos… siempre lograban convencerla. Era imposible resistirse.
—Está bien, cariño, pero esta es la última, ¿de acuerdo? —respondió, tomando una galleta.
Antes de que pudiera dársela, Leo apareció de repente y levantó a Avery en brazos.
—Oh no, tú no —dijo con una sonrisa divertid