—Sí, sí… ¡deténgase aquí! —dijo Liora con urgencia, su voz tensa.
Antes de que el taxi se detuviera por completo, ya estaba abriendo la puerta. Pagó rápidamente, sin esperar el cambio, y salió apresuradamente, dirigiéndose hacia la entrada de la escuela. Su corazón latía con fuerza en el pecho, cada paso impulsado por la ansiedad.
Todo había ocurrido demasiado rápido. Un momento estaba en la panadería, organizando los pasteles y atendiendo a los clientes, y al siguiente… recibió la llamada. La